Plasticker: el rastreador urbano de microplásticos

La UAB ha puesto en marcha la campaña de micromecenazgo “Plasticker: el rastreador urbano de microplásticos”. Con el objetivo de ofrecer información detallada sobre la presencia de estas micropartículas en las ciudades, científicos del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) y del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC) han puesto en marcha el proyecto Plasticker. Gracias al impulso del Parc de Recerca UAB a través de su 12º Programa de Generación de Ideas, quieren diseñar un método sencillo y económico de muestreo: una pegatina o adhesivo 100 % biodegradable que, al colocarse sobre las superficies urbanas, tales como aceras, mobiliario urbano o parques infantiles, atrapa las partículas depositadas sobre ellas. De este modo, y mediante el análisis de estas muestras en el laboratorio, será posible conocer la tipología y cantidad de microplásticos presentes en las ciudades.

El desarrollo de la metodología Plasticker es un paso adelante para reducir la contaminación y crear ciudades y espacios más sostenibles y libres de microplásticos. “El objetivo es que las ciudades se conviertan en espacios donde podamos tocar, respirar y comer sin exponernos a esta polución invisible” explica Michaël Grelaud, investigador del ICTA-UAB.

“Aunque la mayoría de los microplásticos llega al medio marino a través de los ríos, su origen se encuentra en las áreas urbanas, que es donde se concentra la actividad humana”, recuerda Michaël Grelaud. Cada habitante libera directa o indirectamente al medio unos 2,5 kg de microplásticos por año, que proceden principalmente de la abrasión de los neumáticos (50,5 %) y de las propias carreteras (9,4 %), seguido de los pellets de plástico (7,4 %), el transporte y tratamiento de residuos (6,8 %), la abrasión de superficies deportivas (5,3 %), la construcción, el desgaste de las suelas de los zapatos, los envases de plásticos, la pintura de las carreteras o la fricción de los textiles en las lavadoras.

“Aunque la mayoría de los microplásticos llega al medio marino a través de los ríos, su origen se encuentra en las áreas urbanas, que es donde se concentra la actividad humana”, recuerda Michaël Grelaud, investigador del ICTA-UAB, quien explica cada habitante libera directa o indirectamente al medio unos 2,5 kg de microplásticos por año. Estos microplásticos proceden principalmente de la abrasión de los neumáticos (50,5 %) y de las propias carreteras (9,4 %), seguido de los pellets de plástico (7,4 %), el transporte y tratamiento de residuos (6,8 %), la abrasión de superficies deportivas (5,3 %), la construcción, el desgaste de las suelas de los zapatos, los envases de plásticos, la pintura de las carreteras o la fricción de los textiles en las lavadoras.

Además, la exposición constante supone un riesgo potencial para la salud de las personas. “Los microplásticos pueden llegar al cuerpo humano por inhalación, ingestión o por contacto con la piel. Varios estudios científicos han demostrado que pueden causar impactos graves en la salud humana como, por ejemplo, estrés físico, reacciones inflamatorias o alteraciones en las respuestas inmunitarias”, explica Andrea Vidal Durà, actualmente técnica de suelos del ICGC.

Con la campaña de micromecenazgo “Plasticker: el rastreador urbano de microplásticos” iniciada por la UAB, pretenden conseguir 10.000 euros para el desarrollo de los materiales y la metodología, así como para el inicio del muestreo y la posterior fase de análisis en el laboratorio.