Por qué una dieta basada en vegetales puede frenar el cambio climático

Laura Jiménez, de Unión Vegetariana Española (UVE), nos explica en este artículo por qué una dieta basada en vegetales puede frenar el cambio climático, argumentándolo con datos relativos al impacto de la ganadería en el medio ambiente y a la sostenibilidad de las alternativas vegetales.

 

 

 

La forma en que consumimos tiene consecuencias en la naturaleza, pues los recursos que hay en la Tierra son finitos. Ya sea para fabricar ropa o comer una hamburguesa, influimos de forma negativa en el entorno.

Actualmente nos encontramos en un punto de inflexión, donde el cambio climático ha proliferado hacia un estado de emergencia, el conocido calentamiento global. Esto da paso a lo que muchos ya catalogan de ‘sexta extinción masiva’, puesto que decenas de especies animales están desapareciendo, la biodiversidad está desvaneciéndose, los climas cada vez son más extremos, etc.

Dieta plant based

La dieta plant based o llevar un estilo de vida vegano, es una alternativa que cada día gana más adeptos, pues además de tener un trato más amable con el medioambiente, puede ser muy beneficiosa para los animales y la salud de las personas.

Cada vez se apuesta más por un mayor consumo de productos 100 % vegetales y es que lo que comemos tiene una gran importancia. La alimentación se ha colocado en el epicentro de muchos de los problemas que nos ocupan actualmente: la crisis climática, las pandemias, la inflación… Pero ¿es cierto que llevar una dieta 100 % vegetal es más sostenible?

Unión Vegetariana Española

El impacto de la ganadería en el medioambiente

La población mundial se ha casi duplicado en medio siglo, pasando de 4 mil millones de personas en 1975, a más de 7,9 mil millones en la actualidad. Esto ha favorecido el incremento de la demanda de productos cárnicos y lácteos.

El crecimiento poblacional ha propiciado la deforestación de espacios naturales. Hasta un 77 % del suelo se destina a granjas para la cría intensiva de animales, así como a cultivos de pienso. Además, el mantenimiento de vacas, ovejas, cerdos, gallinas y otros animales de consumo, conlleva un gasto de recursos tales como agua y electricidad, además de la contaminación de agua, tierra y aire a través de sus desechos y purines.

La ONG ecologista Amigos de la Tierra publicó en 2020 un estudio sobre ‘La ganadería y su contribución al cambio climático’ (1) en el que reflejaba algunos datos importantes a tener en cuenta.

Previamente, cabe destacar que los gases de efecto invernadero (GEI) ya se encuentran en la naturaleza, pues son los responsables de equilibrar la temperatura del planeta, pero, la actividad humana ha roto esa consonancia.

Según los datos de ‘Amigos de la Tierra’, la ganadería contribuye alrededor del 14,5 % de la totalidad de los GEI, esto incluye las emisiones dentro de la granja, como las que se generan para fabricar, procesar y transportar los insumos.

La mayor parte de las emisiones de la ganadería son en forma de metano (49 %). El resto de GEI los componen el óxido nitroso (24 %) y dióxido de carbono (CO2, un 27%).

Respecto a los recursos hídricos, la ganadería y la agricultura son dos de las actividades que más consumen. La FAO considera que se requiere 100 veces más agua que la que usamos para fines personales. Estos dos sectores gastan hasta el 70 % de agua, mientras que el 20 % va para la industria y el 10 % para uso doméstico (3).

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura informa que, para producir un kilo de carne, se necesitan entre 5.000 y 20.000 litros de agua, mientras que para producir 1 kilogramo de un cereal como, por ejemplo, el centeno, se requieren entre 500 y 4.000 litros de agua.

Cómo de sostenibles son las alternativas vegetales

Las alternativas vegetales a la carne son una apuesta de futuro para el planeta. Así lo confirman diferentes estudios, como el realizado por la investigadora Ujué Fresán (2), doctora en Biomedicina. Fresán analiza el ciclo de vida de un producto y su impacto medioambiental, desde la extracción de las materias primas, su procesamiento, empaquetado, distribución y uso.

En su comparativa de 57 productos de carne vegetal, entre los que se incluyen hamburguesas, carne picada, salchichas y soja texturizada, la conclusión es que todos estos perfiles son de bajo impacto. La producción de CO2 va desde 0,13 kg CO2/100 g a 0,27 kg CO2/100 g, siendo la soja texturizada el alimento más sostenible y las salchichas el que menos. (4)

Sin duda, la opción más sostenible siempre será aquella que menor procesamiento haya sufrido, como por ejemplo las legumbres, cuyo impacto es un 99 % menor en comparación con la carne animal en cuanto a emisiones de CO2. En las alternativas vegetales se reduce al 90 %.

En cuanto a recursos, las dietas vegetales utilizan una menor cantidad de agua, llegando a reducirse su consumo en un 50 %. Respecto a la tierra, se necesitan 36 veces menos terreno para plantar guisantes que en alimentar ganado. (5)

La Universidad de Oxford afirmó en un estudio que, si todas las personas dejaran de comer carne y productos lácteos, el uso de las tierras agrícolas en todo el mundo podría reducirse en un 75 %. Esto sería el área equivalente al tamaño de EE.UU., China, Australia y la Unión Europea combinados.

Reduce la huella, actúa ahora

Recientemente, la ONU ha lanzado una campaña que lleva por nombre ‘Actúa Ahora’ (6), en la que invita a la ciudadanía a adoptar ciertos hábitos en su día a día para paliar el impacto sobre el medioambiente.

Entre ellos se incluye aumentar el consumo de vegetales y es que todas las personas podemos contribuir a limitar el cambio climático, a través de pequeños gestos y también de la dieta.

Según esta organización internacional, las emisiones por persona de efecto invernadero varían en función del país de origen. Por ejemplo: en los Estados Unidos de América, las emisiones en 2020 (según los últimos datos disponibles) fueron de 14,6 toneladas de CO2e por persona, más del doble de la media mundial de 6,3 toneladas, y seis veces más que las 2,4 toneladas por persona de la India.

Pasar de una dieta omnívora a una vegetariana puede reducir la huella de carbono en hasta 1,5 toneladas y una dieta vegana hasta 2,1 toneladas.

Una reflexión importante sobre el ecosistema

Conforme aumenta la población en el planeta, menguan nuestras materias primas y recursos y, en consecuencia, alteramos los ecosistemas, su biodiversidad y la naturaleza como agente vital para la existencia.

Modificar este engranaje que lleva milenios funcionando, y que tiene un mecanismo tan delicado, está generando un desequilibrio cuyo destino es una amenaza para el futuro de la naturaleza, los animales y el ser humano.

De la humanidad brotó la destrucción, pero, de la misma manera, puede surgir el cambio, el cuidado y la reparación, de un mundo, que aunque resiliente, no debe ser subestimado.

  1. ‘La ganadería y su contribución al cambio climático’. 2020. Amigos de la Tierra.
  2. Mejia M, Fresán U, Harwatt H, Oda K, Uriegas-Mejia G, Sabaté J. Life Cycle Assessment of the Production of a Large Variety of Meat Analogs by Three Diverse Factories. Journal of Hunger & Environmental Nutrition 2019. 15. 1-13.
  3. Día Mundial del Agua: se requieren 15.000 litros de agua para generar un kilo de carne, señala la FAO
  4. ¿Cómo de sostenibles con los sustitutos vegetales de la carne? Evidencia científica. Artículo Unión Vegetariana Española.
  5. Comer vegano ayuda al planeta. Vegan Outreach.
  6. Campaña ‘Actúa Ahora’. 2023. ONU